Suena raro, pero yo les tomo aprecio a mis ordenadores. Supongo que porque me ha costado un esfuerzo conseguirlos, montarlos, ponerlos en marcha, mantenerlos y actualizarlos.
El primer ordenador que entró en casa fue un Amstrad 8256 en 1987, cuando yo tenía 10 añitos. Era un poco más que una máquina de escribir. Ni siquiera tenía disco duro. Aparte de problemas en el mecanismo de expulsión de los disquetes (importante en un ordenador sin disco duro), todavía funciona.
Después pasamos al 486 a 25 MHz con 4 MB de RAM. A éste se le estropeó la placa hace unos años y no tenía arreglo. Aquí aprendí a programar en Pascal.
En 1997, tuve gracias a mi madre, mi Pentium MMX a 200 MHz, inicialmente con 32 MB de memoria RAM y 2 GB de disco duro (ahora tiene 64 MB de RAM y 2 + 1 + 17 GB de disco duro y ni un solo sector defectuoso después de once años de uso). Este ordenador es una roca, ha aguantado de todo. Ojalá todos los ordenadores que me queden que usar en mi vida me salieran como éste. Lo he tenido semanas enteras calculando sin parar para un proyecto que hice al acabar la carrera y no he tenido ni un solo cuelgue (ni un solo cuelgue mientras no usaba Windows, quiero decir). Con éste empecé en Linux. Aquí tengo cuatro sistemas operativos montados: Windows 95, OS/2, una SUSE 6.4 con kernel 2.2.14 y una Debian 3.0.
Despues el Pentium 4 HT a 3Ghz con 120 GB de disco duro y 512 MB de RAM a finales de 2004. Ahora tiene 280 GB de disco duro y 1GB de RAM, que volveré a ampliar este verano, además de cambiar los ventiladores. Aquí tengo una Ubuntu 7.10. Muy contento con este ordenador.
En agosto de 2006 me encontré en la puerta de mi bloque un ordenador completamente cerrado. Lo subí a casa a ver si podía hacer algo con él. No arrancaba, pero ya había visto el error antes y era la batería de la BIOS. Le puse una nueva que tenía y funcionó. Tenía un Windows 95 que “solamente” daba 11 errores al arrancar, y la foto de la novia del antiguo dueño como fondo de escritorio. Lo he formateado y le he puesto un mulinux, pero no lo he terminado de configurar. Es un Pentium 120 con 24 MB de RAM y 1 GB de disco duro. Además le monté una tarjeta de red que tenía suelta. Como no hace mucho ruido, a lo mejor lo pongo para escuchar MP3 de alguna forma, o lo preparo como cortafuegos, pero primero tengo que terminar de configurarlo.
Mi portátil, un Acer con un procesador AMD de 64 Bits y doble núcleo. Aquí tengo un Windows y un Kubuntu. Estoy muy contento con este Acer.
Y hace tres semanas, una amiga que se fue a vivir a Australia me dio su PC (muchas gracias, Daisy!!), sin el disco duro. Es un AMD a 1.5 GHz. Yo le he saneado los ventiladores, le aumentado la memoria RAM hasta 1,25 GB y le he puesto un disco duro de 320 GB. También le he montado dos tarjetas Belkin, una gigabit y una inalámbrica. Aquí he puesto una Ubuntu 8.04 y he dejado sitio para poner una Debian “testing”, cosa que haré este fin de semana. Va muy bien.
Los tres Pentium los tengo en mi casa (en mi casa permanente, digo), y los dos AMD los tengo donde estoy viviendo ahora provisionalmente por motivos de trabajo.
Y esto que ha significado para mi: he podido montar y desmontar cacharros a tutiplén (cosa que me encanta), he aprendido mucho, he trabajado, y en cierta forma me han dado compañía cuando he estado solo. Y además, dentro de cuarenta años, podré montar un museo.